El pasado 2 de octubre, LightingPlat, la plataforma tecnológica impulsada desde la Secretaría Técnica del Clúster CICAT, celebró en Benito Hub (Barcelona) el primer encuentro del ciclo Conversaciones bajo la luz. Bajo el título “Personas, salud y bienestar”, la jornada reunió a profesionales del diseño, la arquitectura y la ingeniería para reflexionar sobre cómo la luz influye en nuestra salud física, emocional y cognitiva.

El evento, moderado por Àfrica Sabé, arquitecta y diseñadora de iluminación, contó con las intervenciones de Clara Rius (Ahead Barcelona Healthcare Architecture), Adrià Huguet (doctor en física y experto en ritmos circadianos) y Verónica Martín (interiorista neurodivergente y fundadora de A-tipic Biointeriors). Tres perfiles muy distintos que compartieron una misma convicción: la luz puede transformar la manera en que vivimos y sentimos los espacios.

La conversación comenzó con un sencillo juego. Cada asistente recibió un folio donde haciendo un tubo para mirar con un ojo mientras el otro permanecía abierto. Algunos veían un agujero en su mano, otros nada. Entre estos últimos, Verònica y Àfrica, que explicó que una condición visual de la infancia les impide fusionar las imágenes de ambos ojos. “Entender que no todos percibimos la luz de la misma manera forma parte de lo que queremos hablar hoy”, comentó Àfrica Sabé, marcando el tono de lo que sería una charla cercana, honesta y profundamente humana.

Clara Rius habló sobre la relación inseparable entre entorno, cuerpo y mente. Explicó que “el entorno entra en nuestro cuerpo a través de los sentidos y afecta a nuestro cerebro y emociones”, y recordó que todo lo que nos rodea nos afecta, aunque no seamos conscientes. Defendió que los proyectos deben diseñarse desde la evidencia científica, la ética y la empatía, más allá de la estética o la eficiencia técnica. “No es lo mismo estar en esta sala que en otra más pequeña o sin luz natural. Todo lo que nos envuelve deja huella en nuestro bienestar”, añadió.

A su intervención se sumó la reflexión de que muchas veces aprendemos a silenciar lo que sentimos. “Desde pequeños nos enseñan a no hacer caso a nuestras sensaciones, pero debemos empezar a escucharlas”, dijo, invitando a recuperar la conexión entre el entorno y las emociones.

Por su parte, el físico Adrià Huguet ofreció una mirada científica y crítica hacia los estándares tradicionales de la iluminación. Explicó que las bases sobre las que se definen los colores y la percepción lumínica se construyeron hace más de cien años con muestras muy reducidas y poco diversas. “Seguimos diseñando estándares universales basados en 17 hombres blancos de hace un siglo”, señaló, despertando murmullos de sorpresa en la sala.

Huguet insistió en que las métricas actuales no reflejan cómo perciben realmente las personas la luz, ya que medimos la intensidad en una superficie y no lo que llega al ojo. También desmontó la idea simplista de la “iluminación circadiana” o “human centric lighting”. “No se trata de un panel que cambia de color, sino de entender qué estímulo necesita cada cuerpo en cada momento del día”, explicó. Desde su experiencia, compartir ejemplos prácticos como la instalación de sistemas de luz dinámica en su propio estudio ayudó a ilustrar cómo pequeños cambios pueden mejorar la concentración, reducir la fatiga y favorecer el descanso.

La intervención de Verónica Martín fue uno de los momentos más impactantes de la jornada. Desde su experiencia como mujer neurodivergente, explicó cómo el entorno afecta a quienes procesan el mundo sin filtros sensoriales. “El mundo está diseñado para un usuario típico, pero nosotros percibimos todo a la vez: el ruido, la luz, los movimientos… y eso agota”, confesó. Describió con detalle cómo el parpadeo imperceptible de una lámpara o el zumbido de un fluorescente pueden resultar insoportables. “No necesitamos cinco horas en un sitio para tener dolor de cabeza; en cinco minutos ya estamos mal”, añadió con sinceridad.

Verónica pidió que el diseño contemple también la accesibilidad sensorial y cognitiva, no solo la física. “Hay rampas para quienes no pueden caminar y braille para quienes no ven, pero ¿qué pasa con quienes procesamos el entorno de forma diferente?”, planteó. Recordó que no hace falta ser neurodivergente para sufrir las consecuencias de un espacio mal iluminado: “basta con trabajar años en un sótano sin ver la luz del día”.

Hacia el final de la jornada, Clara Rius resumió el espíritu de la conversación con una frase que se quedó en el aire: “Los espacios no deben hacer daño”. Reivindicó que el diseño tiene una responsabilidad ética, y que escuchar a los usuarios debería ser parte esencial del proceso creativo. “No existe el lugar perfecto, pero sí podemos evitar que un espacio enferme”, concluyó.

Andrea Padré, desde la Secretaría Técnica de CICAT, recordó que este fue el primer encuentro organizado por LightingPlat, una plataforma que une tecnología, ciencia y bienestar para impulsar proyectos que mejoren la calidad de vida a través de la luz. “Queremos que la tecnología y el diseño se encuentren con la empatía y el conocimiento humano”, señaló al inicio del acto.

La jornada finalizó con las palabras de Jordi Puig, en representación de Benito, que acogió el evento. Agradeció la oportunidad de participar y destacó el valor de este tipo de encuentros para la industria. “A veces nos perdemos entre normativas de eficiencia y olvidamos lo más importante: las necesidades reales de las personas”, afirmó.

“Conversaciones bajo la luz” no fue solo una jornada sobre iluminación, sino una llamada a repensar cómo vivimos los espacios y qué papel juega la luz en nuestra salud y bienestar. Como recordó Verónica Martín en el cierre, “la luz no es neutra: puede ser una caricia o una bofetada”.

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